Acontecimientos como recientemente, el de “Manuelito” el niño Tzotzil que vendía dulces en Villahermosa el cual fue humillado por un cretino servidor público y como esta desagradable persona hay muchos en las administraciones; de la mano con los datos proporcionados por el CONEVAL de que existen 53.3 millones de pobres, es decir 45.5% del total de los mexicanos deben ser una llamada de atención de todos los niveles de gobierno.
Si hacemos un ejercicio histórico, estados como Puebla, Tlaxcala, Veracruz y el Estado de México, siempre ha prevalecido un alto índice de pobreza, más aún en estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, siempre han estado infortunadamente marcados por vivir en pobreza extrema, aun y cuando haya bajado el índice; es por ello los históricos levantamientos de armas en esas entidades, que hoy en día siguen teniendo las mismas condiciones deplorables.
Desde los 70, siendo un parteaguas debido a las crisis, las cuales evidencian no solamente crisis económicas, sino también sociales, reflejadas no solo en el campo sino como dice Ziccardi se da la “urbanización de los pobres”. En los ochentas se procuro reducir el déficit fiscal, controlando mejor la macroeconomía, separando la parte social, sin embargo también genero un mayor desempleo, desigualdades sociales y expansión de pobreza.
Actualmente, se conciben las políticas sociales, como políticas públicas asistencialistas y que en lugar de cambiar la desigualdad y lograr mayor inclusión, sólo la agrava, ya que simplemente quedan en apoyos para controlarlas y no reducirlas. En ese sentido, las políticas públicas son las formas de intervención y/o programas de acción por medio de las autoridades para solucionar y atender los asuntos públicos. De tal manera, que las políticas sociales, son un tipo particular de las políticas públicas, teniendo como objetivo de crear condiciones de equidad social, de ellas son las denominadas políticas sociales de atención, reducción o combate a la pobreza.
Por ello, para hacer frente a la problemática en comento, es necesario el rediseño de una agenda, donde las políticas sociales vayan de la mano con políticas económicas y las urbanas y de territorio. Así mismo se debe reforzar la participación de los gobiernos locales, esencialmente en la implementación de las políticas públicas, primordialmente en las sociales; debido a que ellas, se han mantenido concentradas en las instancias de gobiernos centrales.
Hoy en día, para lograr una verdadera inclusión y un crecimiento económico, es necesario que el Congreso logre impulsar las reformas estructurales (energética, financiera, hacendaria). Además contemplar el desarrollo económico aparte del regional, desde el desarrollo local, ya que si se logra una economía local, está productividad se vuelve fundamental para complementar la rentabilidad. Es necesario repensar el diseño de las políticas sociales y de los programas. Que vayan más allá de lo asistencialista y que este alejado de lo político, no es posible que 7.4 millones de personas marginadas, tanto en zonas rurales, como en la ciudad, tengan que hacer esperar su hambre para que los actores políticos no salgan peleados en las elecciones. Entendiendo que les es más importante los comicios que la Seguridad Alimentaria.
Aunque sean innovadores diseños de políticas sociales y programas, su operación y evaluación serán parte fundamental para los resultados en los próximos años esperemos que mediante reglas claras y apoyo no solamente del gobierno sino mediante la participación de la ciudadanía se logre reducir estas cifras, que son preocupantes.
